Hace algunas semanas se llevó a cabo en Café Palíndromo la segunda edición del #MercadoLiterario En esta ocasión, se contó con la presencia de más de una veintena de proyectos entre editoriales y revistas.

Durante tres días los libros y las revistas de estos sellos estuvieron en exhibición, se llevaron a cabo diálogos entre editores y lectores, además de presentaciones de revistas y libros. En estas charlas, un tanto informales  —esa era la idea—, se buscó que algunos de los protagonistas mostrarán un panorama actual de la edición en nuestra ciudad, más que un punto de vista crítico o académico. La intención fue compartir con los asistentes las experiencias o motivos que dieron origen a los proyectos, aunque, como en la mayoría de estos casos, se terminó hablando de los problemas de distribución y de la falta de lectores.

#EditorialParaísoPerdido #LecturasExtremas

En semanas posteriores han surgido en la ciudad diversos espacios, como una escuela de escritura en la que los instructores son autores importantes o editores con trayectoria, o grupos interesados en la difusión del trabajo editorial, ya sea impartiendo conferencias o talleres. Por otra parte el área de literatura de la Secretaría de Cultura ha retomado las actividades con nuevos bríos renovando las propuestas de sus talleres literarios y sus miércoles literarios con presentaciones de autores y temáticas contemporáneas. Aunque lamentablemente han desaparecido algunos espacios, los cafés que realizan actividades culturales han dado pasos firmes en su consolidación como foros, por citar algunos, Palíndromo, Musa, Impronta, La Fuga…, otros han logrado tomar un respiro como Rojo Café.  Incluso algunos bares  han abierto sus puertas a eventos literarios. Hay días saturados de lecturas de poesía  y las cervezas artesanales patrocinan esto. También es posible encontrar, si bien aún no en demasía, librerías que tienen a la venta los libros de los sellos alternativos locales y de otros estados.

Pareciera a veces que cada semana se anuncia algún nuevo proyecto editorial y uno podría irse con la finta de que  la vida literaria en Guadalajara es idílica. ¡Qué mejor escenario se puede pedir para nuestra ciudad! Y sin embargo, en medio de las campanas al vuelo, la asistencia a la mayoría de los eventos organizados en estos espacios es frugal, a pesar de la difusión en redes (en prensa y medios no hay tanta como se desearía, quizá porque los editores no nos hemos preocupado por tener una buena comunicación con los medios, o tal vez porque a los medios las notas de literatura local no les interesan).

A fin de cuentas, el eslabón no se cierra sin el público. El ciudadano de esta urbe, hipotético consumidor de productos culturales, ante tanta oferta vive en Jauja, y sin embargo, los libros no se desplazan, a las lecturas sólo van algunos amigos, a las presentaciones de libros los familiares y así hay más ejemplos. No se trata, como lo hacen algunos editores, de pedir a los autores que sean ellos los que promocionen su obra, e incluso se encarguen de venderla, o que ante la problemática de la distribución la dejemos al azar bajo la premisa de que cada libro habrá de elegir a su lector.

A mi ver,  más allá de la crisis económica, aparentemente hay más producción cultural que consumo. Ser editor, productor, artista, se ha convertido en una especie de título nobiliario y son pocos los que viven de ese trabajo. No digo, tampoco, que ya no aparezcan proyectos, que aparezcan; pero al parecer no basta sólo con ofertar: los lectores que debimos sembrar en el pasado no los vamos a cosechar por arte de magia. Quizá sea momento de cambiar los viejos modelos de negocio literario y adaptar las estrategias a futuro, aunque la verdad es que el futuro ya nos alcanzó.