Descubrí a Fleur Jaeggy pocos días antes de la FIL gracias a un texto de David Miklos publicado en la revista Avispero (que se puede visitar en su versión electrónica alojada en la red o bien bajar en formato PDF dando clic aquí).
Dice David Miklos que sobre ella sabemos que:
Es una mujer que fuma. La sombra y su mano le cubren buena parte del rostro, si bien nada es capaz de ocultar el sabio brillo de sus ojos. Lleva el cabello, lacio y castaño-rubio, moderadamente corto: no alcanza a tocarle los hombros. Lleva anillos tanto en el meñique como en el anular de la mano izquierda, su mano siniestra. Y viste bien: una blusa que se antoja de seda y un saco de pelo de camello.
En su texto, Miklos realiza un vuelo raudo, pero preciso, sobre los libros de Jaeggy (publicados en español por Tusquets) y cuenta en pocas líneas de qué va la escritura de la autora nacida en Suiza. El texto consiguió despertar mi curiosidad. Además, en él transcribe algunas líneas de sus páginas, anzuelo preciso que motiva, menciona las referencias con otros autores y sumado todo lo anterior fue motivo suficiente para que anotara sus obras en la agenda para las compras en FIL.
Ubiqué los libros en el catálogo en línea de Tusquets, el martes de profesionales fui al espacio de la editorial en la expo para conocer o confirmar existencias: contaban con tres de los cuatro volúmenes publicados. Un poco de frustración al saber esto, pero que se tornó en alegría cuando la persona que me atiende, al ver mi gaffete, pregunta si también soy expositor. Le digo que sí y entonces medio en secreto me comenta: emdate la vuelta el viernes, habrá descuentos especiales/em. Antes de que yo pueda responder sigue, emsi quieres te aparto los libros. Los mete en una bolsa y me entrega su tarjeta. Pregunta por mí el día de la venta nocturna/em.
Al parecer preguntar por autores lejanos del dominio público (yo entre ellos si no hubiera sido por el texto en Avispero), crea una complicidad con los vendedores. No sé si sea un interés literario por parte de ellos o una política editorial de premiar a quienes preguntan por los libros raros. El año pasado me sucedió algo parecido con Ken Kalfus, autor de una de las mejores novelas post 11-s, y que a una década del suceso no vi mencionado en ninguno de los recuentos que pude leer.
Dejé que fuera el orden cronológico en que se publicaron las primeras ediciones en su lengua original, las que me indicaran que leer primero de la obra de Fleur (ya a estas alturas me atrevo a llamarla por su nombre de pila): El ángel de la guarda ha sido la primera que ha pasado por mis ojos y quedan pendientes Los hermosos años del castigo y Proleterka.
Si el tiempo alcanza y la emoción alimenta ya les comentaré como me fue con los otros dos que tengo. Por lo pronto Él ángel de la guarda, a mi juicio un híbrido entre obra de teatro y narrativa instrospectiva, me ha caído como pesada loza. Cerré el libro con la convicción de que tenía que releerlo, no una sino varias veces. Inmóvil.
Desconcierta pues esta primera lectura de Fleur Jaeggy, pero me agrada que sea precisamente desconcierto la semilla plantada. Deja un río de interrogantes e incertidumbre, no sobre la capacidad literaria de la autora, indiscutible, quizá más bien sobre mi propia capacidad lectora.
To be continued…
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