— Antonio Marts

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Descubrí a Fleur Jaeggy pocos días antes de la FIL gracias a un texto de David Miklos publicado en la revista Avispero (que se puede visitar en su versión electrónica alojada en la red o bien bajar en formato PDF dando clic aquí).

Dice David Miklos que sobre ella sabemos que:

Es una mujer que fuma. La sombra y su mano le cubren buena parte del rostro, si bien nada es capaz de ocultar el sabio brillo de sus ojos. Lleva el cabello, lacio y castaño-rubio, moderadamente corto: no alcanza a tocarle los hombros. Lleva anillos tanto en el meñique como en el anular de la mano izquierda, su mano siniestra. Y viste bien: una blusa que se antoja de seda y un saco de pelo de camello.

En su texto, Miklos realiza un vuelo raudo, pero preciso, sobre los libros de Jaeggy (publicados en español por Tusquets) y cuenta en pocas líneas de qué va la escritura de la autora nacida en Suiza. El texto consiguió despertar mi curiosidad. Además, en él transcribe algunas líneas de sus páginas, anzuelo preciso que motiva, menciona las referencias con otros autores y sumado todo lo anterior fue motivo suficiente para que anotara sus obras en la agenda para las compras en FIL.

Ubiqué los libros en el catálogo en línea de Tusquets, el martes de profesionales fui al espacio de la editorial en la expo para conocer o confirmar existencias: contaban con tres de los cuatro volúmenes publicados. Un poco de frustración al saber esto, pero que se tornó en alegría cuando la persona que me atiende, al ver mi gaffete, pregunta si también soy expositor. Le digo que sí y entonces medio en secreto me comenta: emdate la vuelta el viernes, habrá descuentos especiales/em. Antes de que yo pueda responder sigue, emsi quieres te aparto los libros. Los mete en una bolsa y me entrega su tarjeta. Pregunta por mí el día de la venta nocturna/em.

Al parecer preguntar por autores lejanos del dominio público (yo entre ellos si no hubiera sido por el texto en Avispero), crea una complicidad con los vendedores. No sé si sea un interés literario por parte de ellos o una política editorial de premiar a quienes preguntan por los libros raros. El año pasado me sucedió algo parecido con Ken Kalfus, autor de una de las mejores novelas post 11-s, y que a una década del suceso no vi mencionado en ninguno de los recuentos que pude leer.

Dejé que fuera el orden cronológico en que se publicaron las primeras ediciones en su lengua original, las que me indicaran que leer primero de la obra de Fleur (ya a estas alturas me atrevo a llamarla por su nombre de pila): El ángel de la guarda ha sido la primera que ha pasado por mis ojos y quedan pendientes Los hermosos años del castigo y Proleterka.

Si el tiempo alcanza y la emoción alimenta ya les comentaré como me fue con los otros dos que tengo. Por lo pronto Él ángel de la guarda, a mi juicio un híbrido entre obra de teatro y narrativa instrospectiva, me ha caído como pesada loza. Cerré el libro con la convicción de que tenía que releerlo, no una sino varias veces. Inmóvil.

Desconcierta pues esta primera lectura de Fleur Jaeggy, pero me agrada que sea precisamente desconcierto la semilla plantada. Deja un río de interrogantes e incertidumbre, no sobre la capacidad literaria de la autora, indiscutible, quizá más bien sobre mi propia capacidad lectora.

To be continued…

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¿Somos lectores? es la pregunta con la que titulo mi recuento final de la recién concluida FIL 2011, y que puede ser leído en Experimentos con la verdad, mi espacio en Composta.Net. Click en la imagen para brincar al artículo.

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El ángel de la guarda / Fleur Jaeggy

Los hermosos años del castigo / Fleur Jaeggy

Proleterka  / Fleur Jaeggy

El año de la liebre / Arto Paasilinna

El paseo / Robert Walser

El cielo es azul, la tierra blanca / Hiromi Kawakami

En jardines ajenos / Peter Stamm

Bonsai / Alejandro Zambra

Los Living / Martín Caparrós

Desnudez / Giorgio Agamben

El aprendiz secreto / António Ramos Rosa

La novela, el novelista y su editor / Thomas McCormack

Ilustrado / Miguel Syjuco

Simulacro de sortilegios / Emilio Adolfo Westphalen

La fábrica del lenguaje / Pablo Raphael

No tengo miedo / Niccolò Ammaniti

La escala de los mapas / Belén Gopegui

Fantásmica / Carlos Bustos

Hombres salmonela en el planeta porno / Yasutaka Tsutsui

El cielo a medio hacer / Tomás Tranströmer

Deshielo a mediodía / Tomás Tranströmer

Adolescencia y otras cuentas pendientes / Luis Vicente de Aguinaga

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Una vez más, la cita anual.

Esa buena educación “apatía”

El buzón del correo electrónico se inunda con las invitaciones a la presentación del libro de algún amigo o de, en su mayoría, conocidos. Algunos como no queriendo te recuerdan que hace diez, siete o cuatro años te acompañaron/estuvieron presentes cuando tú algo hiciste en la FIL. Es obvio que esperan que en correspondencia de aquello te aparezcas en su evento. Es por eso (entre otras cosas, pues) que hace años soy de la idea que presentar libro o revista en FIL, si no es en verdad ESPECTACULAR, no tiene caso. El monstruo de la expo se alimenta de los intentos de los (pequeños) editores, e incluso de editoriales con mayor protección, de compartir con sus lectores sus tribuladas novedades.

En FIL triunfan los autores mediáticos, los que venden miles de libros, algunos ganadores del Nobel, los que los “profesores” de literatura recomiendan, los que, sí, son despreciado por el minúsculo grupo de diletantes urbanos, que sin embargo, tampoco es que apoyen mucho a su editor local.

El programa de la feria es el mapa del tesoro, pero se debe ser para sacar la lupa y elegir la actividad que en verdad interesa a cada quien, y que ese conocido no se ofenda si uno no puede asistir a su presentación, a fin de cuentas lo que importa es que la gente que vaya a cualquier evento sea la que en verdad quiera estar en él y decide regalar/invertir 50 minutos (exactísimos, porque nada es gratis en FIL) de su tiempo en escuchar como se habla de un libro y quizá con suerte como el autor lee algún fragmento.

Como editor hago uso de las redes sociales para invitar a muchos de estos conocidos virtuales y algunos no tanto, a las presentaciones de nuestras novedades. Confío siempre que los contactos se encargaran de re-enviar la invitación a sus propios contactos si ésta les resulta atractiva. Me he topado con gente que me responde que ellos también presentan libro y que si voy a su presentación irán a la que yo invito. Ni siquiera respondo. No se trata de un yo voy para que tú vayas, aunque tan educados nostros los tapatíos, tan cuidadoso del que dirán y las maneras, preferimos acudir muchas veces aunque parafraseando a Bartleby preferiríamos no hacerlo.

El monstruo bipolar… que al despertar…

A su vez ese monstruo bipolar llamado FIL incita a pecar, a que vayas, y nos vende sus eventos como el no más allá de la literatura, de la cultura, de la promoción. De que hay autores valiosos y editoriales con propuestas arriesgadas e interesantes los hay, pero se tienen que ir cazando de a poco, descubrirse entre rumores y murmullos, en alguna nota perdida en la red. A su manera cada uno de los que estamos publicando en estos espacios virtuales es lo que pretendemos.

Porque en la Feria hay casi de todo, como en botica, por ejemplo, minutos después de la inauguración y con los “importantes” aún presentes ya hubo alguna “Intervención ciudadana” (hay video que lo testifica y ya circula en twitter y Youtube ) para criticar la pelea (que más parece pleito de “compas”) que el Gobierno del Estado y La Universidad de Guadalajara sostienen desde hace unos meses y que a fin de cuentas los únicos que en verdad perdemos somos los ciudadanos.

Recuerdo entonces que hace unos cuatros años el poeta Orlando Guillen se encadenó a la entrada de la EXPO (bueno, un poco más lejos, a la reja de una de las jardineras de la entrada) en razón de un pleito que sostenía con el FCE. Orlando buscaba que su protesta fuera apoyada por todos los visitantes a la feria y así obligar al Fondo de Cultura a publicarle una antología de poetas catalanes a la que había dedicado ya algunos años. Pero la feria es veleidosa y su protesta no paso de ser el viejito loco que se encadenó.

Para el festejo y para la queja

Sí hay asuntos que festejar, por supuesto: el encuentro con amigos, las novedades de algunas editoriales alternativas (favor de transitar por el pasillo L), la permanencia de las mismas en un mundo de competencia y donde parece cada vez existir menos gente que compra libros (pese a los que digan que seguirán amando el papel sobre todas las cosas) y cada vez más, pese a las persecusiones, aquellos que encuentran en internet por lo que ya no desean pagar: música, programas y claro, cada vez más, libros. Los “grandes” editores tampoco ayudan, quizá sea mi percepción y la de algunos otros, pero pareciera que todos quieren salvar sus crisis finacieras encareciendo el objeto que mercadean. Sí, los precios de la mayoría de los libros están por los cielos. Descaradamente caros. Y si acaso la famosa venta nocturna del viernes logre algo, será dejar los precios en su normalidad.

Esta cultura del dinero, de la ganancia, es la que, desde mi visión, aleja a los lectores. Se trata de una cadena donde en apariencia quienes menos importan son el autor, al menos si no es un autor mediatico, y los lectores, donde tiene que ganar la editorial, el distribuidor, la librería. La cuestión de hacer/imprimir el libro es lo menos onerosos. Estamos a la espera de un autor radiohead que rompa con la industria y regale su libro o reciba donaciones de sus millones de lectores en su página web. ¿Lo verán estos ojos? ¿Habrá alguno que se atreva?

Hoy es el segundo día de FIL, seguiremos escarbando para compartir en la medida de lo posible nuestros tesoros descubiertos (o nuestros espejitos, también).

!Qué tengan buena FIL!

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Por la tarde-noche del sábado se presentó Mi nombre de guerra es Albión del poeta Sergio Ernesto Ríos. Esta plaquette de 32 páginas viene incluida en el número más reciente de la revista Tierra Adentro y es el segundó número de la colección La ceibita que fue uno de los cambios más importantes que tuvo la revista en su reciente renovación.

Sergio Ernesto Ríos (Toluca, 1981), es autor de los libros Piedrapizarnik, De cetrería, Semefo y Searching the toilet in juárez av. y cuenta con una de las voces más propositivos entre los jóvenes poetas mexicanos.

Presentado por Ángel Ortuño y Carlos Vicente Castro, poetas que animan el proyecto editorial Metrópolis, ambos coincidieron en que los poemas de Mi nombre de guerra es Albión” presentan una hechura fresca y arriesgada y proponen un fuerte reto a su lector, el que sin duda con lo anterior se verá recompensado con creces.

Caretas, máscaras tras las cuales se descubre la esencia de la poesía: Ser original; la sombra-reflejo de Bacon, de Pessoa, una ciudad que podría ser Londres, se pasean en estas páginas, en las cuáles Sergio Ernesto Ríos hace sonar el eco de su nombre, de su guerra.

La presentación estuvo acompañada de visuales de Carlos Maldonado y Jorge Posh.

La renovada revista Tierra Adentro y en ella Mi nombre de guerra es Albión se pueden conseguir en el stand del CONACULTA (Calle H y Avenida Novelistas) por 50 pesos.

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