¿Quieres quedarte sin amigos? Conviértete en editor. En los días previos a la FIL del año pasado un conocido con el que tenía más de 7 años sin cruzar palabra me contacto para pedirme de favor que vendiera sus libros en el espacio de exhibición que de manera colectiva hemos tenido los últimos años Mantis editores, La Zonámbula y Paraíso perdido. Le expliqué que para exhibir sus libros era necesario asociarse al colectivo con anticipación pues estar en la feria requiere trabajar desde meses previos. Tras mucho insistir y prometer que para el siguiente año se asociaría con nosotros, y pensando que a cualquier editor un espacio como la FIL puede ayudarle a difundir su proyecto acepté que me enviara sus libros, aclarando que fueran pocos ejemplares, casi más bien una muestra. Así quedo y me olvidé del asunto, hasta que a mitad de la feria recibí una llamada de esta persona en la que me decía que el paquete ya estaba en Guadalajara, pero que tenía que ir por ella a la bodega de mexpost, ubicada en uno de los extremos de la ciudad. Fui por su paquete, que en realidad constaba de una caja enorme, maltratada y a punto de desfondarse. Parecía que no había quedado claro el concepto muestra y tal vez, sólo tal vez, la FIL tiene la facultad de hacer creer al editor que venderá lo que nunca ha vendido en toda su vida. Como pude exhibí los títulos, los cuales no llamaron la atención, tal vez fue la falta de un diseño atractivo o que a los autores no los conocían en Guadalajara, o quizá si los conocían y nadie los quería volver a leer. Mala señal que además no supe interpretar. Al terminar la feria, buscando ser solidario con los del gremio, le comenté al editor que podía intentar distribuir sus libros en algunos cafés de Guadalajara, al fin y al cabo los libros ya estaban acá. Me ofreció el 30% de las ventas, conveniente negocio según él. No debí proponerle esto. Me llené de pendientes comenzando el año y nunca pude llevar sus libros a los dos o tres puntos de venta que existen en la ciudad. Hace unos semanas me escribió nuevamente para exigirme un corte de los libros distribuidos. Le dije que no pude distribuirlos pues la carga de trabajo lo había impedido. Monto en cólera y fúrico, después de exigir la devolución de su preciado material, alcanzó a decir que ya le habían dicho que los editores de Guadalajara eramos unos culeros (sic).

¿A que viene a cuento esto? En días pasados apareció una nota en el periódico Milenio en la que se abordaba el tema de las editoriales alternativas, algunos expertos en el tema consideraban que la industria en Jalisco estaba no mal, que era prácticamente nula, y que además no había lectores, ni distribución real de los libros. Argumentaban estos expertos, nada nuevo por cierto, lo vengo escuchando desde que comencé a ser practicante de estos menesteres, que a las editoriales les faltaba profesionalizarse. Puede que tengan razón, pensé yo al recordar mi historia. Debemos terminar con es ta costumbrita de pedirle favores al amigo editor para exhibir o vender nuestros libros. Es momento de plantearse para donde queremos avanzar, incluso si queremos avanzar, podemos seguir jugando al editor o transformar nuestro proyecto en una empresa formal que incluso nos pueda dar para la renta y para comer. Por supuesto dar este paso puede resultar incómodo a más de uno, es tener que invertir tiempo y recursos para participar en las ferias de libro en lugar de pedir de compas una chance, es tener que pagar impuestos aunque los libros no paguen iva, es comenzar a pagar el trabajo de nuestros colaboradores, autores, y correctores para dejar atrás esta costumbre de que todo sea un paro. Por otro lado bien valdría la pena que estos expertos conocieran un poco más del tema, pues si bien la distribución ha sido desde tiempo atrás el talón de Aquiles de las editoriales, actualmente los libros electrónicos y las ventas en línea invitan a pensar que serán los nuevos canales por donde el libro comenzará a moverse. En lo que no estoy de acuerdo es que digan que no hay lectores, los hay, pero hay que hablarles no sólo bonito, de hecho más bien hay que ofrecerles buenos libros.