De reflexiones y (des)propósitos

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Antes de escribir, ideas de sobra; instantáneas que se evaporan entre pensarlas y la falta de un soporte para evitar su desaparición; frases lapidarias, dignas de ser guardadas en el cuaderno inexistente de citas geniales; temas y asuntos pospuestos; toma de postura que nunca llegó frente a los acontecimientos; flashbacks que sólo consiguen dejarnos un sentimiento nostálgico.

Acordarse que se trata de escribir y no de generar ideas. Miro a mi alrededor, los cambios (edad, vida, experiencia, intuición) hacen mella no sólo de manera personal, inexorable su herencia en la familia, con los amigos. De pronto no los reconozco ni me reconozco en ellos. Sí, tal vez el irreconocible es uno.

La incertidumbre de no saberse, pero también al confirmar que no todos los sueños se cumplen, o que los deseos per se no se vuelven realidad.

Sonreír, confiar, tener fe, verbos, estribillos que se repiten una y otra vez como si se tratará de palabras mágicas que resuelven los problemas al repetirlas en voz alta. Promesas catárticas: es el día a día el que recompensa, sorprende o castiga (aparece el masoquista que habita en mí).

2014 año en que las posturas extremas e individualistas así como la irracionalidad le ganaron un espacio más a la palabra. La inteligencia vitupereada, débil, viviendo de las viejas glorias cada vez menos numerosos. Las oraciones como latidos cansados que registra el bip de un monitor cardíaco.

Por eso, tal vez la palabra con la que inicio 2015 sea incertidumbre, aunque paralelamente cambio.

Ante la vida: terquedad. A fin de cuentas, cada intento otra puerta que se atraviesa con la inercia de los pasos más recientes.

¿Propósitos? muchos… insuficientes aún volviéndolos acciones.

Uno transparente: dejar de lado el grito de las redes virtuales y retornar a lo que inicio hace casi 12 años: una bitácora virtual.

Mientras otras voces prometen unirse, intentaré hacer lo propio.

Del menú cinematográfico del fin de semana

Una ciudad se queda sin combustible fósil, sus habitantes son atrapados por el pánico de no poder usar sus automóviles, el desenlace es bastante predecible.

Tanto se habló del fin del mundo que finalmente este llega por la puerta de atrás, entre notas de guerra, de violencia y deportivas, disfrazado de enfermedad mortal. El pánico se desata cuando la gente comienza a morir en el país con más infraestructura sanitaria. Se cierran las fronteras pero nada detiene el avance de ese enemigo invisible.

El país es una bomba a punto de estallar por los desaciertos de sus gobernantes, por las grandes diferencias económicas entre los habitantes, por la descomposición del tejido social y porque la violencia parece apoderarse de todos los ámbitos de esa nación. En este escenario desaparece un camión repleto de estudiantes. La autoridad pretende que no sucede nada pero poco a poco el rumor se extiende. Los han asesinado. Se prepara un paro nacional y el final, este sí, es impredecible.

¿Y si esto no fueran tres guiones diferentes sino una sola película? ¿Y si no fuera película sino la vida real?

#MercadoLiterario

#MercadoLiterario

 

 

La editorial  Paraíso perdido, de la cual soy el coordinador editorial,  junto con otros sellos locales, participarán en el #MercadoLiterario organizado en el Café Palíndromo. Así que desde el día de hoy, martes 14, y hasta el jueves 16 si pasan por el café podemos charlar, pero también es una buena oportunidad para que conozcan buena parte de la producción editorial de Guadalajara, y por qué no, para que se lleven algún libro a casa. Más información en el sitio oficial de Paraíso perdido.

 

El papel del sufridor ejemplar…

En tiempos modernos, el papel del sufridor ejemplar ha acabado siendo interpretado por artistas. Quienes no son artistas dependen de éstos para dar forma placentera a las experiencias centrales del hecho de ser humano, y por eso mismo los valoran tanto. Al mismo tiempo, los artistas son objeto de resentimiento, a veces incluso a niveles homicidas, por la dudosa naturaleza de su carácter moral y porque hacen aflorar a la conciencia verdades dolorosas respecto a las cuales los artistas lo enloquecen a uno

Jonathan Franzen

Más afuera

Nunca he sido bueno para las selfies

Selfie y copa de tinto

Admiro a las personas que pueden compartir sin problemas lo que son. Y no me refiero a sus creaciones. Me refiero a mostrarse tal cual. Desnudas. Compartir las autofotos de sus momentos más íntimos, o casi. Me declaro voyeur, fan de esos blogs, de esos espacios en flicker y reconozco mi incapacidad para hacer lo mismo. Envidia. O en todo caso me agrada estar del otro lado, el voyeur, ese lado b cada vez más en aparente desuso. Se sabe, la corrección política. Porque a fin de cuentas el selfie no incluye a segundos o terceros. Es uno mismo contra uno mismo.

Aqui reculo y digo, ok, no sólo me gusta mirar las fotos (claro, hipotético lector, vas a pensar que me gana la corrección política, no te culpo), admiro también a los que escriben de sus vidas con un desenfado que desearía para mi, tal vez no para mi vida, pero si para un hipotético texto, para la gran novela que uno dice tener siempre bajo la manga, en el buró, en la parte más oculta del disco duro, junto a su pornografía.

Por otro lado, lo mío, lo mío es mirar, pero no como espectador, también como participante. Venga el arma, el disparador, la lente, la cámara. Usted sólo mire o no mire. Déjese llevar por el momento. Ilumine su rostro (o no).

Pero hoy voy a cambiar… (en realidad se hace lo que se puede) y brindo por todo lo anterior y por lo desconocido, por lo que ha venido, por lo que ignoro… y lo intento con un esbozo de autorretrato. Incompleto, por supuesto.